martes, octubre 20

Como Eliminar el Cincuenta por Ciento de las preocupaciones


Hola Gente!!! Como comenzaron la semana? Personalmente, ya desde el medio dia del domingo… para atrás… que feiito día de la madre y así seguí el lunes aunque aflojando jeje… como siempre podrán venir tormentas de gente que se hace la que le importamos y por atrás nos mandan puñaladas o patadas en el trasero… en fin la cosa es levantarse y seguir caminando… como una vez me dijo mi hermano hace muchos años “no dejes de caminar si alguien quiere ir a tu lado que acelere el paso, nunca seas vos la que vuelve atrás para que te alcance” muchas veces esperamos que nos digan la verdad, que no nos mientan o que nos consideren porque de alguna manera hemos invertido un tiempito, unos sentimientos, mas la gente hace lo que quiere… así que nos queda lo que muy comúnmente decimos y poco hacemos “cuidate” porque como decimos siempre nadie lo va hacer por vos… o por lo meno son en la medida que lo necesitas… cuidémonos de no poner toda la carne en el asador hasta ver que el fuego esta bien encendido y el suficiente para que el asado se cocine bien y en lo posible que sobre unas brasas.

Otra cosita perdí el celular… a los que tiene en sus manos mi C.V. si sale algún trabajo o mis contactos personales que seguramente han tratado de comunicarse este finde para saludar, comuníquense conmigo por mail, muchas gracias!

Con todo mi carinio por el apoyo incondicional que son y mas en los momentos difíciles, les deseo lo mjeor y mas!!!

Clauida

Como Eliminar el Cincuenta por Ciento

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Como Eliminar el Cincuenta por Ciento

de Nuestras Preocupaciones de Negocios

Si es usted una persona de negocios, probablemente está diciéndose en este

mismo momento: "El título de este capítulo es ridículo. He estado gobernando mis

negocios durante diecinueve años y, en verdad, si alguien conoce las respuestas,

ése soy yo. La idea de que alguien venga a decirme cómo puedo eliminar el

cincuenta por ciento de mis preocupaciones de negocios es sencillamente

absurda".

Muy bien. Yo me hubiera expresado exactamente igual hace unos años, si

hubiese visto un título así sobre un capítulo. Promete mucho y las promesas son

fáciles.

Seamos francos acerca de esto: cabe que no sea capaz de ayudarle a eliminar

el cincuenta por ciento de sus preocupaciones de negocios. En última instancia,

nadie puede hacer eso, salvo usted mismo. Pero lo que puedo hacer es mostrarle

cómo otras personas lo han hecho y dejar lo demás a su cargo.

Usted recordará que en la página 46 de este libro he incluido la siguiente cita

del mundialmente famoso Dr. Alexis Carrel: "Las personas de negocios que no

saben cómo combatir la preocupación mueren jóvenes".

Si la preocupación es cosa tan seria, ¿no le agradaría que yo pudiera ayudarle

a eliminar aunque sólo fuera el diez por ciento de sus preocupaciones? ¿Sí? Bien.

En tal caso, voy a mostrarle cómo un director eliminó, no el cincuenta por ciento

de sus preocupaciones, sino el setenta y cinco por ciento de todo el tiempo que

anteriormente dedicaba a conferencias tratando de resolver sus problemas de

negocios.

Además, no le voy a contar una historia acerca de un "señor Pérez", un "Sr. X"

o "un hombre que conocí en Ohio", una vaga historia que usted no pueda verificar.

Es una historia que se refiere a una persona muy real, a Leon Shimkin, socio y

gerente general de una de las más importantes editoriales de los Estados Unidos:

Simon and Schuster, Rockefeller Center, Nueva York.

He aquí la experiencia de Leon Shimkin en sus propias palabras:

"Durante dieciocho años pasé casi la mitad de cada día de trabajo celebrando

conferencias y discutiendo problemas. ¿Haremos esto o lo otro o no haremos

nada? Nos poníamos nerviosos, nos agitábamos en nuestras butacas, paseábamos por la habitación, discutíamos y dábamos mil vueltas al asunto.

Cuando llegaba la noche, estaba totalmente agotado. Suponía que esto seguiría

siendo así hasta el final de mis días. Lo había estado haciendo durante años y

años y nunca se me había ocurrido que pudiera haber un modo mejor de hacerlo.

Si alguien me hubiese dicho que podía eliminar tres cuartas partes del tiempo que

gastaba en esas fastidiosas conferencias y tres cuartas partes de mi tensión

nerviosa, me hubiera parecido un irresponsable optimista de poltrona. Sin

embargo, ideé un plan que consiguió precisamente eso. Lo estoy utilizando desde

hace ocho años. Ha obrado maravillas en lo que respecta a mi eficiencia, mi salud

y mi felicidad.

"Parece cosa de magia, pero como todos los trucos de la magia, resulta en

extremo sencilla cuando se ve cómo se hace.

"Aquí está el secreto. En primer lugar suspendí inmediatamente el

procedimiento que había estado utilizando en mis conferencias durante años y

años, un procedimiento que comenzaba con la exposición por parte de mis

cariacontecidos socios de todos los detalles de lo que había andado mal y

terminaba con la pregunta:

'¿Qué haremos?' En segundo término, establecí una nueva norma, la de que

todo aquel que deseara plantearme un problema debía antes prepararse y

presentar un memorándum contestando a estas cuatro preguntas:

"Pregunta 1: ¿Cuál es el problema?

(Antes pasábamos una o dos horas en una fastidiosa conversación sin que

nadie supiera específica y concretamente cuál era el verdadero problema. Nos

devanábamos los sesos discutiendo nuestras zozobras sin molestarnos nunca en

consignar por escrito en qué consistía el asunto)”

"Pregunta 2: ¿Cuáles son las causas del problema?

(Cuando paso revista a toda mi carrera, quedo aturdido ante las horas

desperdiciadas en fastidiosas conversaciones en las que nunca se intentaba

determinar con claridad qué es lo que había en la raíz del asunto)

"Pregunta 3: ¿Cuáles son las soluciones posibles del problema?

"(Antes, uno de los asistentes a la conferencia proponía una solución. Otro

discutía con el anterior. Los ánimos se excitaban. Con frecuencia,

abandonábamos el tema sin que nadie hubiese consignado por escrito los

diversos modos de resolver la cuestión)

"Pregunta 4: ¿Cuál es la mejor solución?

"(Yo solía conversar con gente que había pasado horas preocupándose ante

una situación y dando vueltas a un asunto sin concretar todas las soluciones

posibles y escribir después: Esta es la solución que yo recomiendo)

"Mis socios rara vez acuden ahora a mí con sus problemas. ¿Por qué? Porque

han descubierto que, con el fin de contestar a estas cuatro preguntas, tienen que

averiguar todos los hechos y estudiar los problemas a fondo. Y tras haber hecho

esto, ven, en las tres cuartas partes de los casos, que no tienen que consultarme

para nada, porque la solución adecuada ha brotado como la tostada que salta del

tostador eléctrico. Incluso en aquellos casos en que la consulta es necesaria, la

discusión sólo toma un tercio del tiempo que antes reclamaba, porque se

desenvuelve de un modo ordenado y lógico y marcha siempre hacia una

conclusión razonada.

"En Simon y Schuster se consume ahora mucho menos tiempo en

preocuparse y hablar en relación con lo que anda mal, y hay, en cambio, mucha

más acción para que las cosas anden bien."

Mi amigo Frank Bettger, una de las principales figuras de Norteamérica en

materia de seguros, casi duplicó sus ingresos con un método análogo.

Dice así Frank Bettger: "Hace años, cuando comencé a producir seguros, tenía

un entusiasmo ilimitado y me gustaba mi trabajo. En esto, sucedió algo. Sentí tal

desaliento que despreciaba mi trabajo y pensaba en abandonarlo. Creo que así lo

hubiera hecho si no hubiese tenido la idea, un sábado por la mañana, de sentarme

y tratar de llegar a la raíz de mis preocupaciones.

"1. Primeramente, me pregunté: '¿En qué consiste el problema?' El problema

era que no obtenía suficientes ingresos para la agobiada cantidad de visitas que

estaba haciendo. Parecía que yo actuaba perfectamente ante el presunto

asegurado hasta el momento de cerrar el trato. Entonces el cliente decía: 'Bien, lo

pensaré, señor Bettger. Venga a verme otro día'. Era el tiempo que perdía con

estas nuevas visitas lo que causaba mi depresión.

"2. Me pregunté: '¿Cuáles son las posibles soluciones?' Pero la contestación

reclamaba un examen de los hechos. Saqué mi registro de los últimos doce meses

y estudié las cifras.

"Hice un descubrimiento impresionante. Allí, en blanco y negro, descubrí que

el setenta por ciento de mis ventas lo había conseguido en la primera entrevista.

El veintitrés por ciento lo había sido en la segunda visita y sólo el siete por ciento

correspondía a terceras, cuartas o sucesivas visitas, las que me sacaban de quicio y me hacían perder el tiempo. En otros términos, estaba malgastando la mitad de

mi jornada de trabajo en una parte de mi negocio que sólo me producía el siete

por ciento.

"3. '¿Cuál es la respuesta?' La respuesta fue evidente. Inmediatamente

suprimí todas las visitas que excedieran de la segunda y dediqué el tiempo

sobrante a la busca de nuevos clientes. Los resultados fueron increíbles. En muy

poco tiempo dupliqué el provecho obtenido en cada visita que hacía."

Como he dicho, Frank Bettger llegó a ser uno de los vendedores de seguros

más conocidos en el país. Pero estuvo a punto de abandonar su profesión. Estuvo

a punto de admitir su fracaso. Hasta que el análisis del problema lo impulsó por el

camino del triunfo.

¿Puede usted aplicar estas preguntas a sus problemas de negocios? Repito

mi afirmación: pueden reducir sus preocupaciones en un cincuenta por ciento.

Helas aquí de nuevo:

1. ¿Cuál es el problema?

2. ¿Cuáles son las causas del problema?

3. ¿Cuáles son las posibles soluciones?

4. ¿Cuál es la mejor solución?

Dale Carnegui

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